viernes, 21 de octubre de 2016

DÍA 6:                                                            Rubén Jiménez
Hoy, el último día de mi viaje a París, me despierto a las 8 de la mañana. Tengo muchas ganas de visitar París, ya que es el último día y no sé cuándo podré volver. Voy a desayunar un cruasán con un zumo de naranja.


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El olor de los cruasanes inunda la sala, lo que es muy agradable. Bajo por el ascensor pensando en el día de hoy. Salgo del hotel y me dirijo hasta el VIII distrito de París. Decido ir andando y durante el camino solo puedo pensar en el Arco de Triunfo, el arco de triunfo más famoso del mundo. Voy por la avenida de los campos Elíseos. Me voy parando durante los 1910 metros de la principal avenida de París.
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Me fijo en que es una avenida muy transitada y tiene mucha decoración. Me gusta pensar que por aquí pasan los ciclistas del Tour de Francia en su última etapa. Me impacta pensar que se creó en 1640. Entro en una tienda de recuerdos y decido comprar un llavero del arco de Triunfo. Mientras pago, recuerdo que el nombre de los campos Elíseos proviene de la mitología griega y significa un lugar equivalente al paraíso cristiano. Después de unos maravillosos minutos por fin llego al Arco de Triunfo, en la plaza de Charles de Gaulle. Al verlo de cerca me impresionan sus 50 metros de altura y su anchura de 45 metros. Paso por un paso subterráneo y llego hasta la base del arco.
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Cuando salgo me impacta la tumba del soldado desconocido, que lleva ahí desde 1921 y representa a los soldados desaparecidos de la primera guerra mundial. Antes de subir, decido ir a comer. Voy a un restaurante de los campos Elíseos, la Maison de l’Aubrac. Al llegar, me siento en una mesa y le pido al camarero una comida tradicional francesa: una ensalada, un pollo asado con cebollas francesas, una degustación de quesos, entre ellos el Valençay o el Epaisses de Bourgogne y finalmente una pieza de fruta. Todo está buenísimo. Salgo del restaurante y voy al Arco de Triunfo. Pago la entrada y subo los 286 escalones hasta la terraza. Allí las vistas son impresionantes. Después de unos minutos contemplando el paisaje decido bajar. Vuelvo caminando al hotel Timhotel Blanche Fontaine. Al llegar recojo mis maletas y salgo a la calle. Allí pido un taxi para que me lleve al aeropuerto de Orly.
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Durante el camino el conductor me pregunta cómo ha ido el viaje. Al llegar al aeropuerto, enseño mis billetes, paso el control de seguridad y espero a que llegue el avión. Mientras lo hago, leo una revista sobre París. Cuando llega el avión, me subo. Durante la hora y cuarenta minutos y cinco minutos del viaje pienso en París. Al llegar a mi ciudad me siento feliz de volver, pero con ganas de volver a ver París.

1 comentario:

  1. Me ha gustado mucho. Lo tendré en cuenta para mi próximo viaje a París.

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