DÍA 2: Catherine Silva
¡Buenos días chicos!
Me acabo de levantar, gracias al ruidoso timbre de la alarma de mi teléfono móvil, el cual marca las 9:17 de la mañana. Estoy preparado para salir. Hoy mi ruta es la Basílica del Sacré Cœur. Voy vestido con una camisa amarilla, unos pantalones un poco desgastados y unas zapatillas cómodas para caminar, hoy será un gran día. Llevo colgada una mochila en mi hombro por si pasara alguna emergencia. Salgo del hotel en el cual me estoy hospedando, El Hotel Blanche Fontaine. El sol en París deslumbra alegría y tranquilidad, admiro las bonitas vistas que me ofrece un maravilloso día en París. Tengo diferentes maneras de ir a la Basílica como ir en metro, autobús o caminando. Elijo ir a pie porque el móvil me dice que me encuentro a 20 minutos de la Basílica y aprovecho para dar un paseo y visitar algunas calles y así conocer más profundamente la ciudad. He pasado la calle Rue Pierre Fontaine y ahora mismo me encuentro en la calle Rue Lepic, cada calle en la que paso hay restaurantes, cafeterías y panaderías. Francia a parte de su belleza se caracteriza por su amplia gastronomía. Las casas de la calle Rue Tourlaque no son tan grandes como las de la ciudad de Barcelona, donde yo vivo. Son un poco más pequeñas, sus ventanas son blancas y de madera, y sus pequeños balcones de color negro son clásicos sacados como de una película antigua. La calle Rue Caulaincourt es una calle amplia y con grandes árboles verdes que te dan la sensación de estar como en un gran bosque. Acabo de llegar a la calle Rue Azais y sé que estoy muy cerca de la Basílica porque la multitud de gente se empieza a aglomerar en las calles. Una guía turística me está esperando para explicarme la historia de la Basílica, su nombre es Charlotte. Tengo dos maneras de llegar a la Basílica, la primera es mediante unas largas y amplias escaleras y la siguiente es subir mediante un funicular. Para subir al funicular, tengo que comprar una tarjeta que cuesta 14,80€. Decido subir en funicular para admirar un poco más el paisaje, las vistas desde allí arriba son extraordinarias. Cuando ya estoy arriba, veo a una masa de gente mirando la preciosa Basílica, hay malabaristas, cantantes y mimos que le dan a la Basílica un tono más de alegría y humor. Admiro la gran Basílica que ven mis ojos, es enorme. Es tan grande que mi mente aún lo asimila. Sus características son sus grandes estatuas de caballeros, con sus caballos de una tonalidad azul, su altura 130 metros, su fachada tiene tres arcos amplios que lo distinguen con grandes puertas de bronce, los relieves del pórtico explican algunos pasajes de la Biblia. En la fachada se distinguen algunas representaciones de Jesús y la Virgen María. La piedra en la que está construída es piedra blanca y cuando llueve parece como si la lluvia fuera de color blanco, todo esto me lo explica Charlotte. Cuando entramos al interior de la Basílica, me quedo embobado por la inmensidad de la Basílica, sus estructura, su planta y sobretodo su gran campana porque es una de las campanas más grandes de toda Europa. Me despido de Charlotte y me dirijo a un restaurante cercano a la Basílica, el restaurante Au Petit Creux. El restaurante tiene unas sillas de diferentes colores, es muy bonito. Le pido a la camarera que me traiga de primer plato un Cassoulet, de segundo plato un Ratatouille y de postre unos macarons. El precio de todo este menú son 42,50€. Antes de irme al hotel a descansar, quiero ir al muro de los te quiero (Le mur des je t'aime).
Cuando llego al muro, me quedo fascinado al ver ese muro lleno de letras que significan dos palabras y ocho letras. Es un muro lleno de amor y romanticismo que por eso se le considera a París la ciudad del amor. Aún no es muy tarde, así que decido irme a una galería de arte cercana del muro. El paseo hacia allí no es muy largo así que me limito a observar a la gente parisina que parece muy amable. Cuando llego a la galería Casart pago la entrada que es de 7,50€.
Me encanta observar el arte ya que desde pequeño siempre me ha encantado la pintura. Miro los cuadros que hay en la galería, las pinceladas que presentan los cuadros me cautiva al instante. Salgo de la galería a las seis de la tarde y me dirijo a una cafetería cercana para poder merendar un café con leche y los famosos croissants. Estoy llegando a la cafetería Le Saint Jean donde según Charlotte preparan unos deliciosos croissants, Charlotte estaba en lo cierto porque me han encantado, el sabor es exquisito. Decido volver caminando hacia mi hotel, hoy ha sido un día muy largo y agotador. Ya son las siete y media cuando llego al hotel. Desde mi ventana puedo observar París de noche, ¡es tan espectacular la vista desde aquí! Espero que vosotros estéis disfrutando tanto como yo este viaje.
¡Hasta mañana chicos!
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